lunes 7 de diciembre de 2009
No tengo
domingo 29 de noviembre de 2009
Herramienta para optimizar la facturación hereditaria de un suministro tipo Padre
jueves 12 de noviembre de 2009
El barreño amarillo
Pero era un olvido momentáneo.
Siempre que alguien hablaba de darse un baño, de ducharse, de lavarse a fin de cuentas, a él le venían a la cabeza una serie de imágenes de un barreño amarillo con forma de alubia o de bacteria gigante que fue dotado por alguien de fondo. Le venían también imágenes del barreño siendo llenado por su abuela utilizando un trozo de manguera quizá robado a algún vecino. La manguera era el cordón umbilical que le permitía disfrutar de piojos de cuando en cuando. Otra imagen: un cristal roto en la ventana. Y la imagen se une a las demás desde la perspectiva exacta del niño que, desnudo, está siendo enjabonado por su madre, cerca de la ventana.
El abuelo dijo que un cabrón del barrio lo rompió. El abuelo compró el barreño amarillo porque en el espacio en el que debería de estar la bañera sólo había un hueco negro. Y el barreño amarillo era el parche del abuelo para aquél abismo insondable donde debería de existir una bañera.
El agua, a medida que crecía de nivel, adquiría un tono grisáceo, como de vidrio gestándose. Cristal sin hierro y amorfo. La cantidad era indefinida. Él pensaba que allí residía su muerte, la de su madre y la de todos.

A veces se asomaba al hueco negro del baño y miraba hacia abajo. Eran los cimientos de la casa saludándole. Olía a orín reseco y moho, a ganas de vomitar y salir corriendo. Había chispas de luz que entraban en el abismo insondable. Lo abisal.
El día afuera era gris. En la imagen: Niño enjabonado, cristal roto, día gris.
Le invadía la nostalgia de vivir / en el teletexto busca / porque ha olvidado / el nombre de la miss que ganó el segundo premio.
Pero era un olvido momentáneo."
J.L. Pomona
Quietos
"Eliseo era amigo de Sutra. Sutra era la madre de un elefante con ocho brazos llamado Penélope. El elefante a veces parecía más bien un mastodonte. Uno de esos seres mitológicos inventados, como los olifantes o los gallipatos o los salmones tigre del Cáucaso. Sutra estaba casada con Max Beerbhom III y el agua era roja por el alto contenido en hierro. Nosotros labebíamos como si fuese un agua normal, quizá el mejor agua posible. Habíamos crecido con el convencimiento autoimpuesto de nuestros ancestros de que aquél agua era el mejor del mundo. No podía ser de otro modo. Era roja como nuestra sangre. Y nuestra sangre era vida y nuestra vida era nuestra.
En la librería suelo fijarme en una estación con libros de McCarthy. Están Meridiano de sangre y Todos los caballos bellos y La carretera y Suttree. Yo siempre me fijo en Suttree y pienso en la madre del elefante fantástico. Un tren que cogí una vez hacia los Apalaches y terminó llevándome al Rif. Y ése libro tonto con caras apenas decoradas en su portada. Un palo y dos líneas curvas como ojos cerrados acechantes. Uno es el que acecha más y el otro es el que soporta. Mi padre ya no está.
Eliseo era el padre de nadie. Y nadie era el padre de todos. Todos sabían que tenían padre, pero también sabían que nunca lo conocerían. Y en los momentos duros de la noche, en el encierro de los chisporroteos y las bichas, algunos niños se escurrían de sus camas y se meaban cogidos de las manos. Nadie venía cada noche y espiaba desde la puerta. Los meones lo sabían pero a su modo. Infantil y tonto. Imposible entonces que hicieran algo: fuego o guerra. Nadie permanecía quieto y sentía pena. Nadie se iba y todos quedaban en el suspenso de la noche de orinales."
J.L. Pomona
jueves 15 de octubre de 2009
No tengo nada, ni soy ni puedo
"Que seas mi contrariedad
y el derecho de aparcar en la puerta donde están los aparcamientos reservados
no te concierne en lo absoluto. Has de saber
la parte del final que poca gente conoce
cuando se mueren patadas sin golpes sin ruido y asustan
los gritos que las ventanas sostienen
imperecederos como un solsticio congelado.
Que seas lo que se fue
con la carencia en los pasos dirigidos hacia
un señor con H2S y dientes cayéndose en los costados
no te da derecho a aparcar en mis rotuladores
de cera y saliva y sudor ya desgastados
al sopor de la muerte de patadas sin ruido sin golpes
en la esquina del solsticio que ahora se descongela.
Que seas un minuto, una hora y el armazón informe
me invade la nostalgia en la contemplación
a la sombra de los árboles cuando doy pasos
mientras que el sol a su ritmo, todo lo va iluminando,
para luego apagarlo y luego difuminarlo y por último morir
has de saber la estética de los quarks
Lo que es todo ahora o ninguna vez o ya sea
rotundo de nosotros.
No tengo nada, ni soy ni puedo."
J.L. Pomona.
miércoles 30 de septiembre de 2009
4.
No sé en qué parte del árbol se quedan mis piernas. Subo troncos. Me ladeo en la contractura que la madre parte el fin para sus bulbos. Creo en un dios con forma de monstruo acéfalo carente de toda prisa certero en los suicidios cometidos contra él. Sé que ella es todo el papel higiénico que nos queda. Y el timbre de tu voz que suena todo el tiempo a propaganda y narcolepsia. Todo en esta vida es una declaración de amor con intenciones.
9.
Me causa impacto ver tremar un reloj que marca siempre la misma estancia. Clavado como un estanque a la montaña de nieve te desvaneces en manteles, creces en volumen.
“Yo había recibido un cascote de granada en la cabeza y me desvanecí, cuando sentí que me cogían por los miembros.
[…]
Después de eso el sol desapareció en un árbol.”
Mort aux vaches et au champ d’honneur, novela inédita de A. Breton.
jueves 10 de septiembre de 2009
Hold your wee for a Wii
"No sabrán por qué pero lo digo. Yo era un tipo capaz de preguntarse por todo. No sólo eso, era capaz de preguntarme por todo incluso varias veces. Mi condición de curioso unida a mi falta de memoria hacía que tuviese que emprender un método de selección. Digo emprender porque seleccionar es demasiado vulgar para mi gusto y emprender tiene una connotación aventurera que no posee ninguna otra palabra. Emprender el camino del recuerdo.
Todas las dendritas funcionando tan rápidamente, en una conjunción tan brutal de miles de millones de chispitas, de bombas de sodio-potasio en las que los potenciales de acción de las neuronas interactúan con su entorno sabiendo casi por arte de magia cómo han de buscar su correcta concentración para adecuarse a las necesidades del sistema superior.
En el plato que dejaste en la cocina había restos de tomate. Era algo asqueroso cuando lo imaginabas como sangre grumosa. Como sangre de regla o sangre con algún resto visceral. Algo asqueroso, que en algún instante estuvo latente y estaba destinado a bruñir y ser operativo pero ya no. Abrí el grifo con tanta fuerza que me salpicó la camiseta. Noté el frío en mi tripa y dije ¡Joder! El tomate se empezó a soltar a medida que yo situaba el plato debajo del fuerte chorro. Me daba un asco enorme el imaginarme tocando aquellos grumos de cerebro o de regla maloliente. El chorro de agua resultó ser lo bastante potente como para soltar aquellos trocitos de tomate Apis del plato. Empecé a fregar y tú no estabas en la cocina sino que la cocina estaba en ti, porque era tuya y la habías diseñado tú. Y pensé en todo el proceso de diseño y me apiadé de los hombres que sudaron atornillando los mueblecitos de tu estrecha cocina. Y tú me dirías: Bien que cobraron por ello. Pero yo me apiadé de su sudor de todas maneras porque el esfuerzo es un suplicio tanto si es pagado como si no. Hombres tomando medidas y usando niveles para colocar perfectamente los mármoles o resinas o granitos que conforman tu encimera. Hombres haciendo bien su trabajo y equivocándose en un centímetro nada más, por imperdonable que pueda parecer, en la colocación de una tabla. Termino de fregar la sartén y ahora está más limpia que nunca. Una nueva vieja sartén. Tuya y en la cocina de ti. Y la sangre del plato se diluye ahora por el hueco de una tubería que nadie sabe dónde desemboca. Salvo el pocero que dentro de un tiempo haya de desatascarla.
Apis era el toro de los egipcios. Era la muerte con asta. Un dios sincrético por siglos transformado y mutado y cambiado de nombre a conveniencia de las generaciones y los gustos. En una leyenda se dice que el rey Cambises II, nada más conquistar la tierra de los faraones, destrozó un toro en la vía pública para que todo el mundo lo viera. Tras ello gritó con todas sus fuerzas: ¡Mirad cómo me como a los dioses de Egipto! [leyenda] Tiempo después hizo beberse la sangre de un buey (otro) a Psamético III hasta morir. Psamético era hijo del ajusticiado faraón Amosis II, es decir, faraón sin trono, y estaba preso en Susa –lugar desde el que partiría Jerjes años después–. Al ver Cambises que tramaba rebelarse contra él, decidió castigar al sucesor con una muerte indigna. Se debió decir: queréis a estos dioses, pues coméoslos hasta que reventéis. Y así fue. Cambises odiaba terriblemente las costumbres egipcias. Odiaba más si cabe a sus dioses. Ahí comenzó una espiral de horrores hasta la elección del nombre de un tomate frito. Pasaron decenas de siglos. Pero qué duda cabe de que el eslogan está claro. Un eslogan bien pensado (implícito). Beberás este tomate hasta morir. No podrás parar. Apis.
Cuando uno toma demasiado tomate, suele morirse. No una cantidad grande. Por ejemplo, cuando Bertrand Russell decía Buah, me he tomado un kilo de tomate frito, no. Eso era una fanfarronada de lógicos y nada más. Bertrand nunca se “bebió” un kilo de tomate frito. Estaba bromeando con Whitehead en la correspondencia que mantenían mensualmente para hablar de sus avances en los Principia. En realidad el problema del tomate frito es beber demasiado. Demasiado es lo suficiente como para que sea un problema. No va el asunto de kilos, ni de hectolitros, ni de centímetros cúbicos. Va de morirse por exceso de líquidos.
En enero de 2007 murió una mujer estadounidense por beber demasiado agua. Por beberlo y no orinarlo. Se trataba de un concurso. Ahora sabemos que era un concurso estúpido. Jennifer Strange quería ganar una Wii y para ello debía beber agua hasta no poder más. Y así fue. Literalmente no pudo más. Y ganó una consola. Ahora sus hijos juegan al boxeo unas veces y otras al golf o al tenis. Se lo pasan bien sin una madre que les diga lo que han de hacer. Dicen que como eran pequeños ya casi ni la recuerdan. Hold your wee for a Wii. Nintendo consiguió publicidad con todo aquello, y esto no es algo negativo. El peso de la estupidez humana estriba en lo humano, no en una línea de texto. Beber más de 7 litros al día es una enfermedad. Su nombre es potomanía. Lo pienso y me recuerda a los potos del Brasil. ¿Habrá alguien adicto a cultivar, hacer crecer y cuidar, dar mimos, besar, arropar, hablar, susurrar y follarse a este tipo de plantas? Apostaría a que sí. El potómano vive en cada uno de nosotros. En la avaricia de los niños pobres. En la mesura de los buenos cuando se enfadan e insultan y saben que lo que hacen es la mejor opción, el menor de los males. Esa especie de moral superior que les dice Sí, no hay otro remedio. Entonces tu cuerpo empieza a hincharse. Los riñones están saturados de tanto filtrar. La vejiga va a tope y ya no es capaz de agrandarse más. Por eso los riñones colapsan y el agua ya no se filtra sino que se queda en la sangre. Entonces tu cuerpo empieza a hincharse. Tienes más materia. No cabes en ti. Tu sangre se diluye y cada vez hay menos sodio en la concentración. Sabes más a río y menos a mar. Estás transformándote en una cosa extraña (como Mrs. Strange), un salmónido. Vuelves a la fuente de la vida. El alma mater. Para compensar, tus niveles de potasio aumentan. Todo se descompensa. El cerebro tira de otros minerales al tiempo que se hincha. Un córtex esponjoso que duele y sangra mucho. Sangre rojo claro como de nariz que gotea. Gotas rojas evolucionando en un vaso de agua y turbulencias lenticulares calmadas. Qué hermoso tiene que ser. Como fuego avanzando en una nave espacial con gravedad cero. Luego lo que duele: cabeza, vómitos, letargia, convulsiones y coma. Por último, el premio.
Ahora que he realizado un ciclo completo de anaforesis y cataforesis, que la disolución se ha evaporado y ya nadie recuerda el camino que emprendimos por el bajo Nilo y Babel con los vástagos de Marduk –¡qué grandioso suena esto! –, que los platos se fregaron y esperan al viento de la cocina para secarse quietos. Ahora es el momento de pensar acerca de si merece la pena continuar o saciar nuestra sed con la sangre del buey sagrado. Revuelves muy bien la sopa, querida. Y el teléfono vuelve a sonar y Jazztel me ofrece una gran mejora en mis facturas. Me pregunto qué habré de hacer, si quemarlo todo o sólo una parte."
J.L. Pomona
martes 8 de septiembre de 2009
me encanta el pánico y la jugada del pánico
la libertad y estate quieto, anda,
y ése punzón que te clavaste en el tropiezo sobre la parte carnosa
con tu botella de agua de PVC maloliente
con el expreso de Mocos viniendo por dentro
llegando y subiendo, por las paredes
de nunca más de uno coma cinco litros.






